
Un pueblo culto y capacitado es un grupo humano que tiene muchas posibilidades de éxito, pues sabe bien diferenciar entre un discurso serio y una prédica demagógica y engañosa
Faltan apenas unos pocos días para que se lleve a cabo la segunda vuelta electoral en Uruguay, la que concretamente se celebrará el domingo 29 noviembre 2009. En esa importante instancia, los ciudadanos uruguayos deberán elegir Presidente de la República, optando entre José Mujica Cordano y Luís Alberto Lacalle Herrera.
Claro, la propaganda arrecia en los diferentes medio de prensa, pero también circulan por Internet numerosos mensajes a favor o en contra de uno u otro candidato, estableciendo así una nueva modalidad de difusión que sin duda es relativamente novedosa en Uruguay, pero que ha llegado para quedarse.
En relación al candidato José Mujica, las principales críticas se centran en sus antecedentes guerrilleros y en la especial forma de pensar tanto de él mismo como de su entorno, que en alguna medida se orienta a criticar a la justicia uruguaya, observando con cierta simpatía el accionar de los grupos guerrilleros de izquierda que actúan hoy día y que actuaron décadas atrás, pues se los evalúa como salvadores con patente para ejercer y ejecutar justicia por mano propia.
Claro, el candidato izquierdista se defiende, señalando que una campaña sana debería orientarse a discutir proyectos para gobernar, y no revolver el pasado que obviamente para muchos tiene una gran carga emocional.
Lo cierto es que el polémico candidato Pepe Mujica ha exacerbado posiciones, pues si bien un importante grupo del electorado uruguayo le da un rotundo apoyo sin importarle aparentemente sus antecedentes guerrilleros, otro extenso grupo de ciudadanos le rechaza en forma contundente, por sus antecedentes de violencia, y también porque en su juventud efectivamente utilizó armas para atacar o repeler a las fuerzas policiales y militares. Los antecedentes guerrilleros de José Mujica Cordano obviamente le juegan en contra, además porque el propio candidato nunca ha renegado claramente de sus ideas de juventud, de querer imponer conductas incluso a punta de pistola, sino que con matices ha defendido esta línea de pensamiento y de acción.
Pero bueno, la polémica está instalada en Uruguay. Esperemos al 29 noviembre 2009 a ver qué es lo que decide el pueblo uruguayo por aplicación de los mecanismos democráticos institucionales, en su momento criticados por los tupamaros porque según ellos no daban garantías, pero que ahora utilizan para escalar posiciones y para llegar al poder.
Como elemento adicional de juicio para los ciudadanos convocados a la instancia electoral de noviembre 2009, nos referimos a continuación a un mensaje que anda circulando por Internet y firmado por Pablo López Gamio, el cual alude a José Leandro Villalba.
En este mensaje se proporciona la foto del aludido, de quien se dice era nacido en Mercedes (Uruguay) el 30 diciembre 1939, afirmando que era una persona simpática y amable, el menor de tres hermanos, que luego de terminar sus estudios debió emigrar a la ciudad de Montevideo en busca de trabajo.

Es así como teniendo treinta y un años de edad se encuentra viviendo en casa de su madre, en Monte Caseros 3225 apartamento 3 de la ciudad de Montevideo (imagen de la finca más abajo). Y Pablo López Gamio señala que si hoy día se pasa por allí, aún se podrá ver la ventana de su apartamento a la calle.

En ese entonces Villalba trabajaba como administrativo en una Seccional de Policía, donde regularmente cumplía funciones hasta la medianoche, y por lo cual ganaba por debajo de quince mil pesos de la época, un salario sin duda por demás bastante bajo, pues representa alrededor de unos cinco mil pesos uruguayos de hoy día.
Sin duda José Leandro Villalba no tenía ni idea de lo que le deparaba el destino, y de lo negativo que sería para él un encuentro casual que tendría con José Mujica Cordano, quien en la época se desempeñaba como guerrillero tupamaro, y quien hoy día aspira a ser Presidente de Uruguay. Pero pasemos a enumerar los hechos.
Villalba estaba tranquilamente sentado en la barra del bar “La Vía” (imagen de ese local más abajo) el día 18 marzo 1970, donde José Mujica casualmente estaba de copas con amigos, y a oídos del policía llegaron fragmentos de lo que se hablaba en la rueda, el oro robado a los Mailhos. Obviamente esto llamó la atención del agente del orden, quien en la rueda reconoce a uno de los sujetos cuya foto había visto en su lugar de trabajo.

En ese momento Villalba tenía dos opciones, afirma Pablo López Gamio. Una de ellas era simular que nada extraño había observado, y por tanto no cumplir con su deber, olvidarse de sus obligaciones como policía, y nada notificar a sus superiores, dejando así libre de acción a un integrante de una banda a quien se requería por secuestros, asaltos de bancos, y asesinatos. La otra opción finalmente tomada por Villalba, era la de denunciar la presencia de los supuestos terroristas en el bar.
José Leandro Villalba cumplió los deberes inherentes a su cargo, y comunicó los hechos a la seccional policial. Y luego de unos minutos radio patrulla interceptó a José Mujica Cordano, quien entonces se movía con documentación falsa a nombre de José Mones Morelli. El tupamaro Mujica resistió el arresto a balazos, hiriendo a un agente de cierta entidad luego de un largo tiroteo, durante el cual el propio tupamaro resultó herido con seis impactos de bala.
Pero bueno, el hoy día candidato a dirigir a Uruguay finalmente es reducido y llevado luego al Hospital Militar, donde a pesar de la gravedad de las heridas logran salvar su vida.
Villalba seguramente pensó entonces que todo había pasado y que había cumplido con su deber, pero lo que no pensó fue que una vendetta mafiosa le había sentenciado. Lo cierto es que Villalba, distendido y despreocupado, volvía silbando a su casa como muchas veces lo solía hacer en aquella fatídica noche del 10 enero 1971, sin imaginar que un comando de seis hombres le esperaba en la oscuridad de la calle Echandía casi Monte Caseros (fotografía de ese cruce más abajo).

Allí mismo, en el estilo de lo que pomposamente llaman ejecuciones los grupos terroristas tales como ETA, o Al Qaeda, o Tupamaros, o ERP, sorprenden al joven policía por la espalda dándole varios disparos de 9 milímetros.
Luego y a modo de advertencia, el comando arroja sobre el cuerpo varios volantes que decían “Así se paga la delación”, para posteriormente darse rápidamente a la fuga.

¿Quién o quienes fueron los tupamaros que en su momento idearon y ejecutaron esta acción? ¿Acaso fueron algunos de quienes hoy día apoyan la candidatura presidencial de Mujica, aspirando tal vez a ser Ministros o Subsecretarios o Directores de Empresas Estatales en su eventual futuro Gobierno? ¿Acaso el propio Pepe Mujica solicitó a sus compañeros desde la cárcel, que para venganza e intimidación mataran al policía José Leandro Villalba? Casi seguramente nunca sabremos los detalles de esta acción, pues un muro de silencio une a los ex guerrilleros urbanos, y como ya lo han manifestado públicamente ellos mismos, todos los tupamaros se hacen responsables de todo lo hecho por su organización, tanto de las acciones que ellos aún hoy día consideran legítimas y razonables, como de las acciones que ellos admiten que fueron errores o que fueron producto de efectos colaterales indeseados.
Con toda certeza y de acuerdo a la información que se tiene hoy día, notoriamente las Fuerzas Armadas de Uruguay cometieron excesos e irregularidades de diverso tipo, arrestos que se parecían a secuestros pues no se respetaban las normas y no se pasaban a juez, ocultamiento de muertes ocurridas por torturas o incluso ocurridas por ajusticiamientos irregulares y sin el debido proceso, cambios de identidad de niños nacidos en cautiverio, traslados irregulares dentro de fronteras o a través de éstas, ocultamiento de cadáveres y de las circunstancias de los correspondientes fallecimientos, etcétera, etcétera, y por cierto estos hechos merecen ser relatados en compendios y textos que se refieran a la historia reciente de Uruguay, para que la verdad se conozca, y también a modo de advertencia a las generaciones futuras para que las personas se encuentren más alertas y en contra del llamado terrorismo de Estado. Y las personas demócratas de corazón con énfasis y firmeza debemos repudiar los numerosos hechos irregulares ocurridos durante esos años de locura y oprobio, y cometidos tanto por militares como por algunas jerarquías civiles de los Gobiernos de la época. Pero los tupamaros también hicieron lo suyo, también actuaron en forma por demás criticable y repudiable y despreciable, y el relato de la historia reciente también debe recoger los hechos bochornosos cometidos por los sediciosos así como referirse a su equivocada manera de pensar, también para que las generaciones futuras nunca más repitan esos flagrantes errores y ese nefasto proceder.
Claro, hay dificultades para que ciertos detalles salgan a la luz, pues los militares parecen haber hecho un pacto de silencio, y porque igualmente los propios tupamaros también sin duda han hecho un pacto de silencio aún más férreo, negándose a dar detalles, negándose a hacer un honesto examen de culpas pues aparentemente así no lo sienten, pues claramente han manifestado por la prensa su total falta de arrepentimiento.
Y ya terminando su mensaje, Pablo López Gamio señala que el crimen paga y bien. El mencionado con mucha razón indica que ningún delito cometió José Leandro Villalba, pues esa persona no estaba metida en nada raro, y que bueno, su error fue ponerse en el camino del tupamaro José Mujica, pues el susodicho integraba una banda cuyos integrantes se consideraban con derecho a juzgar por sí mismos y a matar si ellos entendían que las circunstancias lo ameritaban. Y bueno, lo cierto es que hoy día Pablo López Gamio está muerto, y la sociedad uruguaya ni siquiera lo recuerda y ni siquiera le ha brindado honores, y a pesar de los nueve balazos recibidos y a pesar de haber perdido la vida, no se le ha colocado una placa recordatoria en su tumba, y tampoco se le han brindado recompensas póstumas y homenajes de especie alguna, a pesar de haber fallecido como consecuencia de un acto de servicio. Por el contrario José Mujica, quien directa o indirectamente fue su asesino y su verdugo, pues directa o indirectamente ordenó su muerte en venganza personal y al mejor estilo mafioso, ya ha sido colmado de honores, ya se ha desempeñado como legislador, y ahora está arañando y a centímetros de ser el futuro ocupante del sillón presidencial en Uruguay.
El cuerpo de José Leandro Villalba descansa en un nicho con otros 18 policías fallecidos, algo triste y vergonzoso, una oscura y descuidada tumba sin nombres, frecuentemente sin flores, sin placas ni honores, como premio por haber ofrendado su vida defendiendo a la democracia (observar la imagen).

Y Pablo López Gamio cierra sus comentarios con las opiniones que se destacan en el párrafo siguiente.
Extraño país el nuestro. Extraño país el Uruguay. ¡Tan poco somos en este paisito, y tan cobardes e indiferentes somos generalizadamente los uruguayos! ¿Es que no queda ni un gramo de dignidad y orgullo en lo que oportunamente fue llamada la Suiza de América?
Como adjunto o apéndice de su mensaje, Pablo López Gamio inserta unos muy breves comentarios de Jorge Vallarino, quien en su momento ingresó a la Policía de Montevideo el mismo día y en el mismo cargo que José Leandro Villalba. Esta persona expresa su parecer sobre esta cuestión en los breves párrafos que se transcriben a continuación.
«« Villalba entró conmigo como mensajero en la Policía de Montevideo el 25 de febrero de 1955. Se crearon esos cargos pues se había averiado el sistema de tubos neumáticos que repartían los expedientes a las diferentes oficinas, y la reparación del mismo era muy costosa. En esa oportunidad entramos unos quine mensajeros (la mayoría hijos de funcionarios policiales, mi padre por ejemplo era encargado en el Museo Policial). »»
«« El flaco tenía dieciséis años, y yo en ese entonces tenia trece (en la época fui el empleado público más joven). Con el tiempo la mayoría de los que entramos como mensajeros seguimos en cargos administrativos (ese fue el caso del flaco). »»
«« Lo que les envía Pablo López Gamio y ustedes reciben ahora, se ajusta a la verdad de lo que realmente sucedió. Para que sepan de primera mano lo que sería para nuestro país el tener como Presidente a un ladrón, secuestrador, y asesino, lean este mensaje con mucha atención y reflexionen. »»
Y firma “Jorge Vallarino”.
Indudablemente aquí se revelan datos muy precisos, que deberían hacer reflexionar a mucha gente. Pero no seamos tan optimistas, no todos los uruguayos son cautos, no todos los uruguayos hacen un profundo análisis antes de depositar su voto.
Si algo positivo es que tienen los tupamaros, indudablemente ello se encuentra en su formación en marketing. Y en esta materia indubitablemente se les debe sacar el sombrero: “Los tupamaros son unos genios de la propaganda y de la imagen”. Indubitablemente en los años sesenta y setenta los tupamaros hicieron de todo, y aún luego del regreso de la democracia también hicieron sus cosillas, pues prepararon miguelitos y bombas caseras que por suerte casi no usaron en el sonado episodio de la extradición de los etarras (en las cercanías del Hospital Filtro). Con posterioridad se las arreglaron para escalar posiciones, y para presentar sus viejas ideas con apariencia de legitimidad y de racionalidad.
¿Qué va a pasar el 29 noviembre 2009? En realidad es difícil de decirlo con exactitud, pues las encuestas indican bastante paridad de fuerzas entre ambos candidatos.
Así que no se puede descartar del todo que el día 30 noviembre 2009, la prensa internacional destaque titulares parecidos al que a continuación se indica: “Hecho el recuento primario de votos en Uruguay, resultó electo como Presidente en Uruguay un ex guerrillero y terrorista, que en su juventud integró el grupo autodenominado Tupamaros, que robó bancos, que secuestró y que asesinó, como forma de intentar conseguir por la fuerza el control de un país al que hoy día logra acceder en forma legítima, por el voto popular”.

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